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Buscador · Informe de cuentos · «El frisón de la maza. Leyenda »

Título: «El frisón de la maza. Leyenda»
Título Original:
Variantes del título:
Autor: Anónimo - traducciones - ()
Traductor: Muñoz y Gaviria, José - ()
Firmado: José Muñoz y Gaviria
Revistas: Museo de las Familias, XVI, (1858), pp. 89-94.
Volúmenes:
Variantes:
Resumen: Una mañana del mes de junio de 1217, dos hombres están esperando la llegada de unos barcos en la embocadura del Tajo, en Lisboa; son un armero de Lieja, Huberto, y un pescador de la isla de Walcheren, Juan. Habían llegado a Portugal por culpa de un temporal, cuando viajaban en uno de los barcos que acompañaron al conde Bauddouin de Hainau en la empresa de conquistar Constantinopla. Bien acogidos, llevaban ya catorce años en el país y estaban casados con portuguesas. El armero está muy impaciente y se queja de la inseguridad que se vivía en Portugal, algo en lo que coincide con el pescador, bastante más tranquilo; Juan explica que el peligro moro que acecha Portugal pudo ser anulado gracias a la contribución de los cruzados de Francia, Zelanda, Lieja, Flandes, el Brabante, Frisia y Holanda, llamados a las armas por san Bernardo y liderados por Arnulfo de Aerschot, que en 1147 lograron liberar Lisboa de los musulmanes ayudando al conde Alfonso, quien fue el primer rey de Portugal. Huberto añade que, si bien Alfonso I supo mantener la firmeza frente a los moros, su sucesor, Sancho, trató de mantenerlos alejados pagándoles y se comprometió a entregarles cada año 100 cristianos como esclavos del rey de Marruecos; su sucesor, Alfonso II, está procurando liberarse de ello. Juan está convencido de que los hijos de los Países Bajos volverán a ayudar a Portugal y confía en el conde Guillermo de Holanda, puesto que tiene el ejemplo de su padre, Florent III, muerto en Palestina y enterrado en San Pedro de Antioquía. Ven venir dos barcos: un buque frisón y un navío marroquí más fuerte que lo persigue. Los marroquíes abordan el otro barco y cuatro frisones se echan al agua; un frisón gigante rechaza a los enemigos con una maza; logran alejarse del barco moro, que termina hundiéndose, puesto que los cuatro hombres, que habían vuelto a su barco, eran buzos que habían horadado con barrenas el navío enemigo.


Los frisones logran llegar al puerto de Lisboa y son acogidos por el armero y el pescador. El hombre de la maza se llama Gankema, tiene veinticuatro años, es enorme, fuerte y bello, e hizo un voto al recibir la cruz: se la descosería del jubón al haber aplastado con su maza las cabezas de doce sarracenos. El pescador Juan le recrimina que hubieran tardado tanto y Gankema le contesta que, aunque el pueblo habría atendido rápidamente la petición de ayuda del papa Inocencio III y del rey de Portugal para liberar ese país, España, Sicilia y Palestina de los infieles, el conde Guillermo debió asegurarse de que, en su ausencia, se mantendría la paz en sus estados. Comen y, al terminar, conocen la alegría del pueblo de Lisboa por la llegada del resto de los cruzados con el conde y el obispo de Utrecht, Otton Vander Lippe, que los acompaña. Con ellos llega el hermano del armero, Lambert, del mismo oficio. Huberto pensaba casarlo con su cuñada Rosalía, una chica de dieciocho años que hasta el momento había menospreciado los galanteos; ella conocía al hermano por descripciones y no se lleva una buena impresión al verlo. De todos los recién llegados, solo le parece atractivo el frisón de la maza.


Seis días después de la arribada, desembarcan un gran número de moros y, al día siguiente, cruzados y portugueses salen de Lisboa para batallar contra ellos. En la batalla, el frisón de la maza salva al conde Guillermo cuando lo iban a matar. Pese a ser inferiores en número, los cristianos vencen y, al finalizar el día, Portugal y sus costas están liberados. Durante la celebración de la victoria, Rosalía le pregunta a Gankema si ya había conseguido su objetivo y este le responde que no lo tiene claro y que quiere asegurarse. Al día siguiente, la flota parte hacia Palestina; Gankema queda compungido al saber que Lambert se ha quedado en Lisboa. La flota llega a Egipto y los cruzados sitian la ciudad de Damieta, situada entonces cerca del mar, en la segunda embocadura del Nilo, muy bien protegida por una torre en medio del río. Entre la torre y la ciudad hay una cadena que impide pasar a los barcos y, según dicen las crónicas, los cruzados la lograron romper armando a la proa de un navío de Harlem una gran sierra.


En la primavera de 1218 no se ha conseguido ningún avance y los cruzados deciden construir, sobre dos navíos unidos por amarras, un castillo de madera con un puente levadizo en la cima con el que acceder a la torre del río. El 24 de agosto, lo bajan por el Nilo llevando en su interior cruzados de los Países Bajos y de Austria. Desde Damieta los atacan con dardos inflamables y fuego griego y, cuando parece que el puente levadizo va a hundirse, todos los cristianos se ponen a orar y, explican las relaciones, el fuego se extinguió. Dicen también los historiadores que uno de los combatientes más bravos fue Gankema. Después de una fiera batalla, la torre queda en poder los cristianos y el sultán de El Cairo les ofrece la paz, la liberación de los prisioneros cristianos y el dominio cristiano de Jerusalén, lo que interesa mucho al rey de esa ciudad, pero los cruzados no aceptan. Damieta se mantuvo firme hasta su rendición el día cinco o nueve de noviembre de 1219; el sitio fue extremadamente mortífero para la ciudad y la cruzada no obtuvo mayores éxitos. El conde Guillermo vuelve rápidamente a sus estados y le concede todos los favores que desee a Gankema, quien solo le pide que lo desembarque en Lisboa. La flota es muy bien recibida allí y Gankema se encuentra con que Rosalía no se había casado con Lambert, puesto que le pareció un cobarde al no querer ir a luchar a Tierra Santa. Cuatro días después, la flota neerlandesa está ya en alta mar y, al llegar a su tierra, los parientes de Gankema descubren que lo acompaña Rosalía, su esposa.

Temas, motivos y tipos: Amistad. Moros y cristianos. Viaje. Casamentero/a. Matrimonio de conveniencia. Triángulo amoroso. Naufragio. Muerte violenta. Salvación in extremis. Recompensa. Matrimonio.
Aspectos formales: Lleva un epígrafe de Victor Hugo: «Eran hombres fuertes y que encontraban menos pesados su hierro y su acero que nosotros nuestro terciopelo». Se divide en cuatro capítulos indicados con números romanos. El cuento comienza in media res y, a través de un diálogo entre dos personajes, el lector va conociendo circunstancias presentes e históricas relevantes para el desarrollo del relato o bastante más accesorias. Excepto en el primer capítulo, la narración predomina extraordinariamente sobre los diálogos, de modo que al narrador le corresponde de una manera absoluta el desarrollo de la historia. En los tres primeros capítulos, emplazados en Lisboa, se presenta lo sucedido durante unos ocho días (uno o dos días en los dos primeros capítulos; en el capítulo tercero se presentan básicamente los hechos de los últimos días), mientras que el capítulo cuarto sintetiza lo ocurrido durante unos dos años en Egipto y solo al final aparece una breve escena dialogada, nuevamente en Portugal. Dejando a un lado alguna exposición histórica, el desarrollo temporal es lineal. El narrador es en principio omnisciente pero, en el capítulo cuarto, se descubre como cronista sin dejar de ser lo primero.

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Observaciones: La acumulación de acciones y el tema desarrollado contribuyen a hacer pensar que puede tratarse de una traducción o del resumen de una novela.

Clasificación genérica: Fantástico. Heroico. Histórico. Oriental.

Bernat Castro

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